Ajo y agua

Ajo y agua

Caixinha, el responsable

El primer afectado por los fantasmas que persiguen a Cruz Azul fue el estratega portugués, y a la postre se convirtió en el máximo responsable de la nueva final caída.

Por Hugo Sánchez

La final del miedo. Esta batalla del futbol mexicano entre América y Cruz Azul nos hizo recordar, ahí de bote pronto, otro agarrón que, por circunstancias violentas, se tuvo que celebrar en Madrid, España. Me refiero, claro está, a la final de la Copa Libertadores que escenificaron Boca Juniors y River Plate.

Ellos, como argentinos, se quedaron tristes, decepcionados, pero con una buena lección de que el comportamiento de algunos salvajes provocó que la imagen del futbol de su país se viese muy afectada a nivel mundial, con una impresión verdaderamente lamentable por los niveles de violencia que se pudieron apreciar.

Además, habrá que tomar en cuenta que, después de los escenarios presentados, también se vería muy afectado el equipo que perdiese. Por eso estoy haciendo referencia a esta final, porque ambas escuadras, al igual que sus respectivas aficiones, no querían someterse al terrible castigo de ser calificado como perdedor, ya que esto provoca burlas por parte de los aficionados y simpatizantes del equipo rival, y esas burlas en ocasiones alcanzan niveles insospechados, que llegan a ser muy dolorosos.

Por fortuna para nosotros, en nuestra final mexicana, a pesar de la rivalidad existente entre ambos clubes, no se presentaron actos violentos. Si acaso por ahí algún brote aislado que sin problema las autoridades pudieron controlar.

He de mencionar, por desgracia, que hubo algo de aburrimiento en el primer partido y en la parte inicial de la final de vuelta. El dramatismo se dejó para la segunda parte del partido decisivo, puesto que desde que el América anotó ese primer gol que vino, por cierto, de una falla provocada por la necedad de una estrategia de querer salir jugando con el balón controlado, cuando la presión del América fue constante desde el minuto 1.

Al ver el partido no dejaba de sorprenderme que Pedro Caixinha no se percatara desde el inicio mismo del encuentro que había que cambiar la estrategia, ya que por lógica cuando un equipo te presiona desde el saque de meta, nunca debes seguir intentando salir con el balón controlado desde tu propia cancha, sino que más bien debe trabajarse, cosa que no hizo el entrenador portugués, en la búsqueda de una fórmula para saltar la línea de presión con un pase largo y trabajar el rebote, para que de esa manera se puedan evitar las equivocaciones que constantemente tuvo el equipo cruzazulino, eso como resultado de la incomprensible terquedad de salir jugando con el balón controlado.

Los jugadores dieron todo su esfuerzo dentro de la cancha, tanto por parte del Cruz Azul como del América, de eso ni duda cabe, pero al final la balanza se inclinó a favor del América, que ganó, sin quitar méritos a todos los demás, gracias a la buena estrategia y el parado táctico que propuso Miguel Herrera, con esa presión que hizo daño en todo momento a los jugadores de la Máquina Azul.

El plan de Herrera fue bien manejado tanto en la ida como en la vuelta, a diferencia del técnico de Cruz Azul, quien no supo cómo manejar a su equipo. Por eso yo le achaco a Pedro Caixinha la responsabilidad total de que Cruz Azul no ganara esta final. Es claro que Miguel Herrera le ganó de forma particular y directa el duelo de estrategias para finalmente coronarse campeón del futbol mexicano.

Ganar era muy importante para Miguel Herrera, pero lo era más para Pedro Caixinha, pues se trataba de la posibilidad de su confirmación luego de que Cruz Azul fuera el equipo que llegó en el primer lugar de la clasificación; era la oportunidad de mostrar que no fue por obra de la casualidad que el cuadro celeste terminara como líder, sino gracias a una regularidad mostrada durante todo el torneo.

Pero, además, aquí quedó demostrado que las Liguillas se juegan de otra manera y por supuesto las finales se juegan como si se tratara de una final de la Copa del Mundo. Y Miguel Herrera y sus pupilos lo entendieron y así se brindaron en la cancha, mientras que a Caixinha y sus pupilos no se les notó esa influencia, esa motivación y entrega que se requiere para jugar una final que para ellos era todavía más importante que una final de Copa del Mundo, pues se trataba de la gran oportunidad de sacudirse una maldición que data de hace 21 años y que tristemente para ellos esos fantasmas, que muchos quieren desaparecer y que no creían que les iban a afectar mentalmente, terminaron por dañarlos.

Creo que al primero que le afectó y evidentemente le perjudicaron esos fantasmas y esa maldición fue al mismo director técnico de la Máquina Celeste, Pedro Caixinha. Y es una pena, porque todo iba encaminado a que la maldición llegara a su fin, pero Caixinha fue el máximo responsable de que eso no aconteciera. La maldición y los fantasmas siguen ahí, están al acecho.

¡Que te lo digo yo!

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