Las reglas y los reglazos

Las reglas y los reglazos

Ojalá y me equivoque 

Tal parece que, tal y como lo cantó el filósofo de la canción vernácula, don José Alfredo Jiménez (me pongo de pie), “nada nos han enseñado los años, siempre caemos en los ismos errores”. 

Me refiero al hecho de que los medios o, mejor dicho, todos aquellos que forman parte de “los porristas de la Selección” (a quien le quede el saco), nos endulzan el oído y nos hacen creer que tenemos un equipo balompédico que es una potencia mundial, capaz de medirse contra los mejores del mundo … y, a las pruebas me remito. Y es que, en México, no existe la mesura, ni para la crítica ni para el elogio. 

Cuando “el equipo de todos” llegó a Argentina para disputar la Copa del Mundo 1978, el director técnico en turno, el “Míster”, don José Antonio Roca se tomó el atrevimiento de aseverar que: “venimos a ser capeones”, (sí, Chucha) sin que, prácticamente nadie lo cuestionar. 

El resultado fue, que quedamos ignominiosamente eliminados en la primera ronda, siendo goleados en todos los partidos. (No me quiero ni acordar). 

Pero, resulta que no fue la única vez. Nos engañaron en Haití, rumbo a Alemania 1974, ya nos habían engañado, cuando nos aseguraban que México era el gigante de la Concacaf y quedamos fuera. Al igual que en la eliminatoria en Honduras, rumbo a España 82. 

Después, rumbo a Italia 90, el fantasma de los cachirules nos impidió participar en la justa mundialista. De ahí para acá, solamente se han alcanzado los octavos de final, a pesar de los deseos y predicciones de los expertos. 

Ahora, para los Juegos Olímpicos 2020, a celebrase en Tokio, de nueva cuenta “nos la quieren aplicar”, haciendo al equipo tricolor (que tiene mucho corazón) como uno de los favoritos, no solamente para subirse al pódium, sino, para colgarse al cuello la presea aurea. 

Si bien es cierto que, en un logro sin precedentes, los otra “roedores” trajeron la medalla de oro a para México en Londres 2012, lo cierto es que, sin pretender minimizar, los astros se alinearon para que nos proporcionaran tan inolvidable alegría, que se antoja muy difícil de repetir. 

Lamento comentarlo públicamente; pero, yo ya no creo en la Selección, me han engañado (o me deje engañar) tantas veces, que ya no quiero pasar por el mismo amargo trago. 

Sin embargo, les vendo una profecía: “Los mismos porristas que hoy nos hacen soñar con grandes proezas de nuestros valientes soldados de cortos pantalones… serán los mismos que los quieran lapidar cuando regresen sin pena ni gloria” … ojalá y me equivoque.

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