Las reglas y los reglazos

Las reglas y los reglazos

Para rato

Más rápido que inmediatamente, iniciará el Torneo de Clausura 2019 del balompié mexicano. El próximo viernes 4 de enero, ya arrancará la actividad con dos encuentros: Monarcas vs. Toluca y Puebla vs. Cruz Azul.

Las profecías de “Nostralalus” (nostra Lalus Brizio), anticipan que los silbantes seguirán siendo las estrellas del futbol nacional, que durante las trasmisiones de los partidos se hablará más del trabajo de los nazarenos que de estrategia, planteamientos, goles o alguna linda jugada.

Que los jueces, como siempre, serán el paño de lagrimas y el pretexto ideal para que los perdedores se escuden en ellos. Y por supuesto el VAR, que continuará recibiendo críticas a más no poder mientras no se entienda que en nuestro querido deporte se aplica de manera distinta a como se hace en otras disciplinas.

En el mismo orden de ideas, urge ir renovando la plantilla de los hombres de negro, razón por la cual debutarán dos jóvenes árbitros. Se trata de los muchachos que pitaron la final de la Primera “A”, uno el de la ida y el otro el de la vuelta, lo que nos habla de que no son unos improvisados y de que se ha venido trabajando con ellos de tiempo atrás.

Me refiero a Mario Humberto Vargas y a Edgar Ulises Rangel, este último es hijo del malogrado silbante, del mismo nombre, con quien llevé una muy buena amistad; pero que, desafortunadamente se nos adelantó en el camino.

Edgar Ulises (padre) era director de una escuela primaria, como tenía que estar presente en la entrega de calificaciones y en la ceremonia de clausura de cursos, solicitó a la H. Comisión de Árbitros llegar un día después de iniciada la Convención Nacional que se efectuaría en Acapulco, Guerrero.

Lo estábamos esperando para una cena de gala que contaría con la presencia de los invitados de honor, los árbitros FIFA; así como con la dirigencia, cuando sonó el celular de Felipe Ramos para darnos la triste noticia de que la camioneta Pathfinder de Ulises había derrapado en la autopista, a la altura de Chilpancingo y desafortunadamente había perdido la vida.

Era un arbitrazo y un tipo muy ingenioso, quien se forjó en los llanos y ascendió al profesional hasta convertirse en un silbante estelar de talla internacional. Ahora toca el turno a su vástago y aunque las comparaciones son odiosas, si heredó la mitad del talento que tenía su padre para conducir los partidos tendremos árbitro… para rato.

 

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