Las reglas y los reglazos

Las reglas y los reglazos

El arquero nacional

Hoy hace un buen día, estimados lectores del Diario de los Deportistas, para platicarles que, hace algunos días, mientras laboraba en mi clínica veterinaria, recibí la visita de unas clientas muy queridas. El motivo de la visita, me explicaron, era el de aparte de saludarme solicitar mi ayuda.

Pues resulta que me explicaron que estaban tratando de reunir fondos para una niña que necesita un trasplante de cóclea. (La cóclea es un órgano que se encuentra en el oído y cumple una importante función para tener el sentido de la audición).

De modo que me solicitaron que, aprovechando los contactos que pudiera tener en el medio deportivo, les ayudara a conseguir alguna prenda (una camiseta) firmada por algún personaje que fuera muy querido y admirado por propios y extraños, para rifarla y así contribuir a obtener fondos para la intervención quirúrgica, la cual por cierto, es muy costosa.

De inmediato pensé en el mejor portero que ha existido en la historia del balompié mexicano a sabiendas que las virtudes que exhibió en la cancha como cancerbero, representando incluso al equipo tricolor bajo los palos en una Copa del Mundo, eran superadas por las cualidades que posee como ser humano.

Y, echando a volar la sinceridad, no me equivoqué, al comunicarme con él, lo encontré como siempre amable y de buen humor. Al comentarle el motivo de mi llamada, me encontré a un ser humano: responsivo, altruista, comprometido socialmente con su prójimo y con México.

La respuesta fue inmediata y amable: “Cuente conmigo señor Brizio, con muchísimo gusto le echamos una mano a la niñita, deme su dirección y a más tardar mañana estará recibiendo unos guantes autografiados, que ojalá y en algo puedan ayudar a juntar la feria necesaria”. Quedé sorprendido y sobre todo muy agradecido con él.

Hoy he recibido por mensajería el preciado souvenir y al tenerlo entre mis manos la emoción fue indescriptible, se me erizó la piel y hasta me dieron ganas de llorar.

A la mayor brevedad haré solemne entrega de los guantes que mi gran amigo, quien en más de una ocasión me ha dado muestras de su integridad moral, nos envió con el propósito que ustedes ya conocen. Quizá por ello alguien atinó a apodarle “San Oswaldo”

Por ésta y por otras mil razones más no me cabe la menor dudad de que Oswaldo Sánchez merece ser llamado, ahora y siempre… el arquero nacional.

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